Comer para vivir, no vivir para comer
Escrito por Maria el miércoles, 17 de marzo de 2010 a las 7:39 pm

La sociedad moderna con su industria alimenticia y su sedentarismo ha permitido un crecimiento importante de la población de obesos en el mundo. Comer se ha convertido en un verdadero problema y la obesidad ya es considerada en muchos países una enfermedad.
Mientras todavía se habla del hambre en el mundo y millones de personas de los países en vías de desarrollo padecen de malnutrición, otro tanto con acceso a todos los alimentos imaginables padece de extrema gordura.
Los escaparates del supermercado primero y las alacenas de las casas después se pueblan de carbohidratos, azúcares y grasas. Por ejemplo, basta recordar un poco la propia infancia para ver como el pan con mantequilla de la merienda ha sido suplantado por galletas elaboradas con demasiada grasa hidrogenada.
Vivir para comer
Así define mucha gente tu vida cotidiana. Desde la mañana a la noche, en soledad o con compañía la vida social pasa por la comida. Las reuniones con amigos, las salidas familiares, todo se centra en comer y hoy más que nunca la oferta de comida siempre tiene más carbohidratos y grasas que proteínas.
Cada país tiene su porcentaje de obsesos y Estados Unidos va a la cabeza, siendo Houston la ciudad líder en cuanto a cantidad de personas con sobrepeso. Sin embargo, son las mujeres las que más padecen la gordura porque por cuestiones biológicas su cuerpo exige mas reservas adiposas que el de los hombres.
La obesidad trae muchos problemas de salud. Problemas cardiológicos, problemas circulatorios, diabetes e inclusive, trastornos de fertilidad. Pero además supone todo un gasto económico (es increíble cuanto dinero se va en las compras del supermercado), así que ¿cuál es la solución?

Responsabilidad compartida
Hay varias soluciones posibles y todas deben aplicarse. Por un lado, la gente obesa debe seguir dietas responsables, por el otro el papel del Estado es sumamente importante. El Estado debe prevenir el desarrollo de la enfermedad “obsesidad” con programas sobre alimentación en la población infantil y adolescente, debe establecer regulaciones sobre la producción de alimentos y la información que aparece en sus etiquetas y debe amparar a todos aquellos obesos que por cuestiones de herencia se ven cara a cara con el ser obsesos.
A esta población en particular el Estado debe asegurar que sus respectivos sistemas de salud cubran el o los tratamientos necesarios y el tratamiento de las enfermedades que la obesidad produce.
Una cosa es cierta: no todos los obsesos quieren serlo. La clave fundamental radica en detectarla a tiempo pues si se detecta en la infancia puede llegar a desaparecer de adulto. El lema no sería entonces vivir para comer sino comer para vivir.




















